
Almodóvar se retroalimenta. En eso nos parecemos.
Tras haber visto Los Abrazos Rotos, sinceramente creo que hay pocas maneras de conseguir captar lo que quiere contar en su última película.
Una de ellas es haber seguido su carrera y captar fotograma a fotograma las referencias a sus trabajos anteriores. Con el consiguiente peligro de que te hagan recordar lo buenas que eran aquellas películas, y lo no tan buena que es esta.
No es tan buena porque la historia no da para mucho. Y la forma de contarla llega a ser algo errática.
Sobra la escena en Chicote con Blanca Portillo desvelando la flor de su secreto, sobra la escena de la cabina del DJ y sobra esa larga escena de la película de vampiros en la mente de Tamar Novas, que junto a las participaciones de Alejo Sauras, Dani Martín y Ruben Ochandiano ofrece un panorama de futuros actores masculinos que nos deja al borde de un ataque de nervios.
Hay escenas preciosas, como la de las manos del director invidente acariciando la televisión, las de las escaleras o las tomadas en Lanzarote.. pero son las menos.
Penélope decepciona y solo está bien probándose pelucas recordando a Audrey Hepburn en Sabrina . Y en la escena del agónico y matador orgasmo bajo las sábanas blancas de Ibiza.
Chus Lampreave, Rossy de Palma, Ángela Molina y Carmen Machi tienen breves papeles fantásticos, sobre todo esta última, que hace de los diez minutos finales de la película merezcan muchísimo la pena y te dejen con las ganas de ver Chicas y Maletas en vez de Los Abrazos Rotos...
Pedro, deberías volver a la comedia.