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05 noviembre 2010

Turismo rural

Es extraño el calendario académico a los ojos de un alumno español. Periodos de apuntarse a exámenes mezclados con clases de medio semestre, días libres entre semana y unos de descanso tras hacer tus evaluaciones o trabajos.

Lástima que la beca erasmus no se huela hasta navidad (dedos cruzados) y que solo puedan viajar en estas fechas aquellos con un seguro económico/padres pudientes detrás. Así que toca turismo rural. Como si estás en Gijón y te coges la bicicleta a Candás. Pues lo mismo.

El tiempo amaga con invernar, pero estamos en "el noviembre más templado en 100 años" según la prensa local y estos deliciosos 8º de media invitan a salir muchas tardes a pasear, siempre que sea antes de las 17h, hora en la que ya es de noche fijo.

Los trenes son el medio de transporte más popular, aunque sea caro. Me he sacado la tarjeta de descuento (60€) que por trayecto te rebaja en un 40% el precio final del billete y es amortizable a medio plazo. La provincia de Groningen es rural, con pasado de extracción minera a ras de suelo. Los comunistas sacan aquí sus mejores resultados a nivel nacional por esa herencia de clase. Tremendamente agrícola, con campos inmensos y maquinaria modernísima, su personalidad es modesta comparada con otras zonas del país.

Nos fuimos hasta Uithuizen en tren regional (media hora de trayecto) y con bicicletas a bordo (suplemento de 6€). Ni en el trayecto de ida ni en el de vuelta pasó nadie a comprobar el billete y sobra decir que en las estaciones no hay tornos ni nada parecido.
Lo más bonito de ese pueblo es una mansión de los ricachones latifundistas de antaño. Un jardín precioso ahora otoñal y un casoplón rodeado de agua lleno de lujos y dorados. Me sorprendió también que fuese punto de partida de una ruta del Camino de Santiago que nace en Holanda oportunamente marcada con el bastón de peregrino y la concha de ídem. Molino aparte, nada más.

Retomando el tren para retroceder un pueblo con nombre catalán - Usquert - nos atrevimos a desafiar el vendaval para recorrer 15km hasta el puerto pesquero más pequeño de todo el país llamado Noordpolderzijl .

Entre campos ganados al mar, en llanuras infinitas y a merced del viento que según el tramo de carretera nos daba de costado derecho, de frente (ida) o costado izquierdo y espalda (vuelta) la recta final nos conducía a una impresionante pared vegetal. Se trata del pólder que recorre toda la costa norte del país. Con sus 10 metros de altura, desde arriba se ve la importancia de esta obra de ingenieria brillantísima para proteger cultivos, ganado, pueblos y vidas.

Con solo dos barquitos amarrados a un lado y una taberna portuaria al otro la sensación de soledad es absoluta. Un chocolate caliente junto a una vieja estufa de hierro forjado nos devolvió ese calor humano que faltaba al paisaje. A las 15h teníamos que irnos para llegar con luz de día al pueblo de partida y volver a coger el tren.

Todo un nuevo concepto de turismo, toda una nueva experiencia de país.