Miau miau
El gato es mi animal doméstico de tener en casa favorito. En Caravia, mi pueblo paterno teníamos y yo me peleaba con los más chiquitines y salía arañado totalmente. Éste es de Lastres (mira /srwayo igual lo conoces también xD) y tiene cara de mala hostia. Ni lindo gatito ni nada, Gato Borde. Así que ahora mismo estaba tomando un nesquick y un poco borde y he aprovechao la foto.
Por cierto el Miau es un bar de Cimadevilla de un colega. Con cuya novia por cierto coincido en clases de Power Punchi. Esto es un bucle interminable, te lo digo yo.
El día comenzó muy bien, extremadamente bien, y siguió mejor con la llegada de una amiga de Madrid que vino a pasar el finde. Como sólo quiere ver mar, pues a ver mar y a comer junto al mar. Mañana la llevaré al aeropuerto porque se ha ido a dar el pingo por ahí con el resto.
Al final de la tarde me volví pa casa a cuidar a mi madre que está convaleciente todavía porque mi padre es juez de pruebas de esquí de fondo y le han llamado para ir a una. Y claro, eso implica que menda se tiene que quedar en casa por la noche sin salir.
Juntos vimos Salsa Rosa y ya tenemos material para hablar sobre Raquel Mosquera a todas nuestras acquitances.
Y nada más, y nada menos.
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05 febrero 2006
04 febrero 2006
Postal-esque
No es Narnia, es el Sueve.
Lo bueno de tener un padre que ama la montaña es que vuelve con fotos de lugares preciosos. Lo malo es que te lo intente inculcar desde pequeño y le salgas rana.
Al principio sí que iba, y tengo en mi haber méritos muy importantes, como hacer la Ruta del Cares (+25km) a los 6 años o subir un 2.000 antes de los 10, que casi me lleve el viento literalmente bordeando Peña Ubiña...
Desgraciadamente a los 13 años participaba con mi madre en una prueba cronometrada denominada Marcha Regulada que consistía en hacer una ruta de montaña pasando por controles, fichando y entrando en tiempo sin pasarse. El año anterior habíamos ganado y todo fueron honores para los vencedores, pero este año la prueba estuvo marcada por una tormenta de agua tremenda. Mediado el recorrido, empapado hasta arriba, me prometí a mi mismo que no volvería a ir de monte... La montaña cobró su venganza resbalando por un barrizal ladera abajo durante 10 metros, pocos, pero con 3000 metros cúbicos de barro, la mitad me la lleve puesta.
Hasta ahora.
No echo de menos salir pero me da envidia ver fotos como ésta, preciosas. A otro rollo.
Hace pocos días que tengo una nueva alumna colombiana, muy simpática y remangada. Hoy le pregunté en que año había nacido, y me respondió que en Octubre de 1997. Me entró un trauma. Porque ese año ha sido sin duda el más importante de mi vida, y en cierto modo cuento desde ahí todo. Y ver esa criatura de 8 años delante mía, tan grande, que habla, que piensa, que dice She has a blue shirt and ginger hair (bueno, dice Chi jas abluchir anyingerjer)... como que tengo delante todo ese tiempo que ha pasado como si algo hubiera nacido aquel año... no me entendéis fijo, pero me ha parecido muy chocante.
No puedo dejar sin registrar el tema que está de boca en boca: Raquel Mosquera. Nos hemos enterado que la pobre tiene una enfermedad mental desde que murió Pedro C. Ya decía yo que ese embarazo de 11 meses, esos modelitos, y esa mirada cuasi ida daba un poco de yuyú. Lo de su marido nigeriano no tiene nombre.
Lo bueno de tener un padre que ama la montaña es que vuelve con fotos de lugares preciosos. Lo malo es que te lo intente inculcar desde pequeño y le salgas rana.
Al principio sí que iba, y tengo en mi haber méritos muy importantes, como hacer la Ruta del Cares (+25km) a los 6 años o subir un 2.000 antes de los 10, que casi me lleve el viento literalmente bordeando Peña Ubiña...
Desgraciadamente a los 13 años participaba con mi madre en una prueba cronometrada denominada Marcha Regulada que consistía en hacer una ruta de montaña pasando por controles, fichando y entrando en tiempo sin pasarse. El año anterior habíamos ganado y todo fueron honores para los vencedores, pero este año la prueba estuvo marcada por una tormenta de agua tremenda. Mediado el recorrido, empapado hasta arriba, me prometí a mi mismo que no volvería a ir de monte... La montaña cobró su venganza resbalando por un barrizal ladera abajo durante 10 metros, pocos, pero con 3000 metros cúbicos de barro, la mitad me la lleve puesta.
Hasta ahora.
No echo de menos salir pero me da envidia ver fotos como ésta, preciosas. A otro rollo.
Hace pocos días que tengo una nueva alumna colombiana, muy simpática y remangada. Hoy le pregunté en que año había nacido, y me respondió que en Octubre de 1997. Me entró un trauma. Porque ese año ha sido sin duda el más importante de mi vida, y en cierto modo cuento desde ahí todo. Y ver esa criatura de 8 años delante mía, tan grande, que habla, que piensa, que dice She has a blue shirt and ginger hair (bueno, dice Chi jas abluchir anyingerjer)... como que tengo delante todo ese tiempo que ha pasado como si algo hubiera nacido aquel año... no me entendéis fijo, pero me ha parecido muy chocante.
No puedo dejar sin registrar el tema que está de boca en boca: Raquel Mosquera. Nos hemos enterado que la pobre tiene una enfermedad mental desde que murió Pedro C. Ya decía yo que ese embarazo de 11 meses, esos modelitos, y esa mirada cuasi ida daba un poco de yuyú. Lo de su marido nigeriano no tiene nombre.
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