Universal.
Resulta que desde que descubrieron que mi grupo sanguíneo era raro raro cada tres meses me llaman desesperadamente para que vaya a donar medio litro de plasma. Esto desde que cumplí los 18.
Es una cita ineludible porque además me afecta directamente. Los 0- somos pocos y encima sólo podemos autoabastecernos entre nosotros, aunque cualquiera de vosotros pueda recibir nuestra sangre.
Es un poco lío, pero entendible.
Ciertamente no me produce impresión ni el pinchazo, ni la aguja ni estar dándole a la muñeca. Eso facilita mucho. Y tampoco voy por la merienda de después. Que conste en acta.
Hace demasiado frío, tengo una pequeña calefacción eléctrica que mis padres compraron en uno de esos viajes promocionales que meten en el buzón y que es una maravilla. Mi piso es el último y entra el frío por todos lados, arriba está el tejado y debajo no se ha instalado la nueva vecina, que es concejala. Y de seguridad ciudadana, así que esa costumbre de montar los sábados por la tarde una pequeña discoteca particular en casa se va a terminar pronto. Tendré que hacer un último gran fiestón.
Por la noche he visto el quiere ser millonario y no me parece tan dificil como lo era antaño. Después vi un poco de DEC, donde entrevistaban a mi ídola Massiel. Se emocionó mucho mientras recordaba a las Rocíos que están más pallá que pacá. Massiel me da muy buen rollo y siempre tienes asegurados mil datos y anécdotas como la que contó del dichoso 23F. Y es que ella estaba por entonces casada con el socialista Carlos Zayas y cuenta que estaba esa tarde en el dentista en el barrio de Salamanca y que llegó una señora sonriendo diciendo que los nacionales habían entrao en el congreso y se estaban cargando a todos los rojos.
Massiel cuenta que dejó el empaste que le estaban haciendo y llamó a un antiguo novio suyo fachilla para que la llevara en coche de vuelta a su casa, así que en plena tarde-noche del 23F Massiel recorrió Madrid en un coche lleno de pegatinas de Fuerza Nueva junto con su hijo Aitor, que entonces tenía tres años y se quedó en casa de su vecina, que era la mujer del vicepresidente en funciones por aquel entonces haciendo una tarta tras el discurso del Rey y para recibir a su marido con una botella de Moet Chandon.
Es única.
No hay comentarios:
Publicar un comentario