El tren es un medio de transporte que me gusta. Es lento pero conserva un aire bohemio muy interesante.
De pequeño fui a Sahagún de Campos, en cuya estación convergen muchos nudos ferroviarios. Al grito de "Eltén, eltén" y señalando con mi dedín índice provocaba la típica escena cómica que te recuerdan año tras año a pesar de que crezcas y no te acuerdes.
Mi primer viaje solo lo hice en tren. Vale, era ir a El Entrego - una hora nada más - pero a mis 15 años era toda una aventura y una prueba de madurez.
Si tuviera que decidir que viaje ha sido el más largo, a Ferrol en Feve o a Madrid en Talgo Estrella, no sabría. El primero hecho en dos ocasiones ida y vuelta y de 7 horas de duración se mitigaba jugando a las pelis, buena compañía y algún pigacín. El segundo dos ocasiones ida y a cuenta de zeppelin era de noche y en coche cama, en una de las ocasiones me desperté a 5 minutos de Chamartín, menos mal que la estación es larga y me dio tiempo a quitarme el pijama, vestirme y medio lavarme...
Y por supuesto el más accidentado, fue hace casi un año, en mi viaje a Barcelona donde para ir a El Prat tienes que tomar el Renfe cercanías. Bajé al Andén 2 en Sants, que era donde indicaban los paneles que se dirigía el siguiente tren, llega, me monto y me sorprendo una vez dentro no sólo de que el tren vaya vacío, sino de que el resto de turistas no se suban en él.
Me entró el pánico cuando pasé al siguiente vagón y tampoco había nadie. Por las ventanas los suburbios marginales de Barcelona parecían Sarajevo 93... finalmente a los 20 minutos llego a El Hospitalet del Llobregat. En hora y cuarto despegaba mi avión.
Los que viajáis conmigo sabéis que mis maletas son exageradamente enormes y pesadas, así que tras informarme en taquilla, me dijeronque desde el andén 1, tendría que ir al 16 al tren que se dirige de nuevo a Sants y que saldría en un! minuto. No me lo podía creer. No sólo correr, no sólo desvagonetear lo vagoneteado, no sólo esperar otro tren al Prat, no sólo facturar, no sólo coger el avión a tiempo... sino recorrer la estación de punta a punta.
No perdí la esperanza y nervioso llegué corriendo, sudando y sofocado al mostrador 35 minutos antes del despegue. No quedaban sitios en clase turista... así que me pusieron en Bussines. Una alegría, el Prat tiene mejor que Barajas el tema de embarcar y llegué, el último, y con la mirada sorprendida del resto del pasaje, sobre todo de mis colegas en bussines. Os puedo asegurar que amorticé el sitio.
Los trenes de mi vida han sido parecidos a los que os acabo de detallar. He ido montado en todos ellos, lamento no haber cogido otros, sobre todo tras ver a una compañera de económicas, C. ayer en LNE y currando el Empire State. Cuando los dos íbamos una vez en ALSA muertos del asco, ella con su carpeta forrada de Bon Jovi, yo con la mía de Fotogramas, en Cadena100 "la vida loca" de Pancho Céspedes y nos preguntábamos que hacíamos allí, si merecería la pena y si la mala suerte que tuvimos en aquel febrero dantesco sería una señal. Ella decidió entonces apretar los dientes y correr hasta el andén 16.
Ayer al verla no pude ocultar una sonrisa de satisfacción y alegría, pero en mis ojos ardía una cierta tristeza.
No obstante sigo en la estación porque mi tren tiene que llegar. Aunque sea un cercanías. Atentos al panel informativo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario