Cualquier excusa puede ser perfecta para que un amigo te invite a inaugurar su piso.
Así que un partido de fútbol también. De los cuatro, sólo Ángel era culé, el resto más bien nos dedicamos a buscar alguna bandera española en las gradas, o al final, o en algún lado. Así que el pobre Ángel tuvo que sufrirnos a Jorge, Rober y servidor mientras las cervezas caían una tras otra, la chica de la pizzería nos tenía al teléfono diez minutos y disfrutábamos del momento
De nuevo otro momento para recordar y grandemente compartido. Y mañana...
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