19 noviembre 2006

Escribo, luego existo

1. Bendita mi madre que me apuntó a clases de mecanografía aquel aburrido verano del 91, aunque era el más pequeño me gustaba porque era una academia de barrio y los "mayores" tenían pinta de malotes, algo totalmente alejado de la fauna de mi colegio, digna, pero más encorsetada en los cánones de la camisina de cuadros.

2. Entre callo y callo de aquellas viejas máquinas conocí otra forma de ver las cosas y que encima era premiado con un riche de pan de la panadería de la prima de mi padre que estaba al lado. Era feliz con una Olivetti, fallando a propósito para llenarlo con aquellas bandas de Tipp-Ex super cutres. Imaginaba que estaba en un periódico y ponía mi nombre en mayúsculas. A veces ganaba las elecciones a presidente de la ONU (sic), otras era detenido injustamente por un crimen que no había cometido (demasiado "coche fantastico" I know).

3. Llegué a escribir un par de novelas cortas. Una de misterio, "Otoño sangriento" y otra surrealista, "Las aventuras de Mery Llein". De gran aceptación en mi habitación, duraron una limpieza general.

4. Ahora disfruto pasando apuntes porque no tardo nada, porque no entiendo ni mi letra y porque pueden ser una perfecta arma de intercambio masivo en el ámbito universitario. Hoy por mi... mañana... por mí, también.

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