1. Por primera vez en este curso tengo anginas, pero totalmente justificadas: he vuelto al karaoke. Como siempre, los que me conoceis detodalavida sabéis que empiezo con Gwendolyne del gran Julio y luego ya me uno al resto.
2. Fin de las jornadas intensivas de las que en el último punto escribiré las conclusiones que tuvimos que presentar como trabajo. Hoy vino el que lleva la cuenta publicitaria de McDonald's en España, que estudio en la facultad donde estudio yo ahora. Al final le pregunté si hacia falta formación complementaria tras la licenciatura, para alivio personal y apoyando mis tesis me dijo que solo un perfecto inglés y trabajar cuanto antes en el sector. No os podéis imaginar que alguien tan importante me haya dicho eso.
3. Tuve que ir a comprar ropita y creo que acerté, vosotros juzgaréis americana, camisa y corbata. Mis compañeros de piso y asesores personales me recomendaron no llevar las Vans y sí las botas de piel: acertaron. La ropa es de Sfera, que no me paga pero es la primera vez que voy y me he quedado contento con el servicio.
4. Como colofón la cena de gala. Que fue de gala total, un lujazo en un sitio maravilloso con todo lo mejor de la cocina segoviana: judiones, quesos, cochinillo, chorizo, morcilla... vamos que hubo pitanza de la buena y la disfruté muchísimo. Y como a mí el lujo me gusta pero en dosis pequeñas y sobrias como middle-class que soy, ahí estoy haciéndole la competencia a cualquier Carrington, Colby, Channing o Giobertti que se precie.
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Mis conclusiones crudas, cocidas y comunicadas
Se anunciaban como “intensivas” y así fueron. No solo por el tiempo que hemos pasado escuchando, participando y salivando junto con las personas que nos han transmitido su saber, buen hacer y experiencia condensadas, sino también por la cantidad de palos tocados que demuestran que en el campo gastronómico español la comunicación es un arma de futuro interesante para las posibilidades laborales de todos los estudiantes de esta licenciatura.
Marcado por la impronta de celebrarse en Segovia – creo que en algún momento hubo cierta sobredosis de Segocentrismo -, y con una variedad privilegiada de ponentes de todo pelaje y condición, me voy con la sensación de que nuestro país tiene una idiosincrasia culinaria fragmentadísima a la par que excelente. Esta excelencia, en cambio, no se exporta. Nuestros platos tradicionales, nuestras referencias en los fogones, los clásicos en definitiva, parece que únicamente se pueden promocionar con un “ven, comételo y cuéntalo”, variación del famoso slogan publicitario de Euskadi de hace años. Es lastimoso que nuestra cocina no sea accesible a nivel mundial cuando la italiana, la estadounidense, la mexicana, la hindú y la turca tienen una red de franquicias de relevancia global.
Lo paradójico llega cuando nos cuentan que, con muchas vicisitudes ciertamente, las endibias cultivadas a escasos kilómetros de nuestro centro de estudios están en este momento metidas en el carrito de la compra de alguna entrañable abuelita escocesa.
Y peor aún, cuando nuestros cocineros All Star tienen las puertas abiertas en los medios de comunicación de todo el mundo con sus novedosas propuestas.
Entiendo lo difícil que es asar un cochinillo segoviano en Sydney, o que las restricciones sanitarias hacen imposible elaborar una fabada con compango netamente asturiano en Los Ángeles, pero es curioso que todavía no haya una franquicia española que ofrezca en sus establecimientos vinos españoles acompañados de las más variopintas y representativas tapas. Parece que por ahí van los pasos.
En el aspecto comunicativo es increíble como muchos cocineros son ya una marca. Con un halo de sofisticación, elitismo, calidad y fiabilidad que muchas empresas quisieran para sus productos. Realmente sus responsables de comunicación han hecho una labor encomiable. Al igual que la de los otros creativos publicitarios que ayudan a que los consumidores “comamos con los ojos”, como el caso de los fotógrafos, directores de arte, estilistas, etc… papel que me resultaba completamente desconocido y que gracias a estas jornadas he descubierto.
En resumen, hay campo para trabajar en este tema y sobre todo mucho por hacer. Dentro de unos años, con suerte, será nuestra responsabilidad corregir lo que sentados se ve tan fácil de cambiar.
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