27 agosto 2010

Tot ziens Utrecht!

He intentado evitar durante todo este mes acomodarme a la ciudad, las clases, los compañeros... es algo que se aprende con el tiempo, como tantas otras cosas.

Y es que aquellos dramones que me daban cuando de adolescente se terminaba el campamento me sirvieron para contextualizar y relativizar estas experiencias de tiempo limitado, que tienen un final prefijado. Algo tan simple como esa expresión que los acérrimos de Perdidos denominaron disfrutar del camino mientras se va rumbo al final. Claro que en lo que respecta a Perdidos yo no fui de esos.

El caso es que se estaba bien aquí y hay que hacerse a la idea de que toca empezar de nuevo en lo académico y social. Para materializar el cambio me he cortado el pelo al 2.5, así al menos daré miedo a mis nuevos compañeros de nueva residencia y no me cogerán nada de la despensa.


Pensando en este mes, seguro que echaré de menos a mis profesoras Ada y Miriam que tanto empeño, cercanía y profesionalidad han puesto en las clases para lograr que en un mes el holandés sea algo familiar para mí y para continuar con ganas de seguir aprendiéndolo. Creo que en Groningen haré un Intercambio para mantenerlo fresco. De momento me he comprado un diccionario grande y un librito sobre Twitter para leer algo fácil en holandés. He sido un afortunado de haber podido estar un mes becado en el James Boswell Instituut, el laboratorio de idiomas de la Universidad de Utrecht.

También a mis colegas de clase. Ayer tuvimos la fiesta de despedida en un ambiente alegre, variado y europeo (empezar a las 20h la fiesta para terminarla a la 01h) , y si bien no ha habido tiempo para un conocimiento profundo, si he podido conocer a algunas personas de esas que brillan, lucen y dan esplendor a la vida. Martin de Dinamarca, Lucilla de Italia, Melissa de Alemania... primeros nombres de gente que hacen de esta aventura algo enriquecedor.

La semana pasada hicimos la cena mediterránea y fue todo un éxito. El arroz con leche asturiano no es muy mediterráneo, pero bastante cuesta situarles a Asturias en el mapa como para ponernos melindrosos.

Y también los días de verano en Utrecht, las tabernas y restaurantes del canal, el ambiente nocturno: esa Europa que toma vino blanco por las noches y se apelotona en el medidísimo espacio que tienen los locales para poner sus terrazas en la calle.

Odio las despedidas, lo he explicado varias veces estos días. Tanto que a algunos les ha parecido que padezco Asperger . Lo importante es que esta experiencia del EILC ha sido provechosa, ha merecido la pena y me dispara en el tren hacia Groningen con expectativas muy altas en todos los aspectos. Tengo hasta el 30 de Junio de 2011 para materializarlas. Hay tiempo, a ver qué pasa.

Hasta pronto Utrecht!.

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