18 octubre 2010

Oído cocina!

Ha llegado el frío. Se supone que la olimpiada segoviana me debería haber servido para no sorprenderme cuando el termómetro dicta sentencia a la baja, pero el factor añadido aquí arriba es la humedad. Marcando 4ºC y una humedad del 85%, la sensación térmica con algo de viento de ese que sopla por todas direcciones se traduce en -2º.

Total, que tengo anginas. Siendo mediados de octubre, nos estamos animando todos bastante los unos a los otros y preparando psicológicamente. Promete.

La calidez se va buscando por otros derroteros. Estaba en el aire en mi anterior post lo difícil que resulta encontrar gente afín a uno, o al menos gente con la que aun estando en silencio te haga compañía. Es parte del juego buscar esas personas para hacer de la experiencia algo más enriquecedor: qué mejor que disfrutar la oportunidad erasmus rodeado de gente con la que tienes eso que en los 90 se llamaba "feeling" y que seguro que ahora los coachings y el 2.0 llamará otra cosa, tipo "conectividad".

Cuando llegas a esta residencia, te asignan una cocina con una nevera para guardar tus cosas. Hay una decena repartidas por todo el edificio y te dan la más cercana a tu habitación. En mi caso me queda bastante lejos de todas maneras, por eso mi empeño en ponerme microondas, tostadora y nevera. Solo me falta esta última, aunque lo han prohibido para evitar sobrecargar la red.

En mi cocina nunca he tenido feeling, y eso que estamos asignadas unas 30 personas allí. Los primeros días comía sólo porque apenas había nadie. Es una cocina enorme y la sensación de soledad pesaba como una losa. Quizás ahí ya le cogí tirria. Pero cuando comenzó a llegar la gente no encontré mi onda. Hay un grupo de francófonos grande, el inevitable grupito asiático y restos de serie de otros lugares, entre ellos el líder que es un rumano waterpolista que no soporto.

Así que decidí a las tres semanas cambiarme de cocina. Está en el piso de abajo, ambiente internacional, españoles con ganas de hablar con no españoles, y nadie me dice que no es mi cocina, sino que desde el principio me acogieron genial. Cada 15 días hacemos una cena temática, empezamos los españoles, siguieron los chinos... Resulta algo perezoso bajar las cosas hasta allí, pero compensa saber que habrá alguien para quién no le resultarás extraño y te dará conversación.

Merece la pena cambiar de tiesto cuando aquello no da para más.

4 comentarios:

Lucia Cuesta dijo...

...y a veces no tienes mas remedio que cambiar de tiesto!

me alegro de que seas feliz en tu nueva cocina =)

MAYI dijo...

Tú prepárales una buena fabada con arroz con leche y ya verás como no pasáis tanto frío, o al menos se lleva mejor jejjee.

Un besito

Saruca dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Saruca dijo...

A veces hay que pasar momentos que nos resultan, en cierto modo, duros o desagradables; pero cuando han pasado, esta la mejor manera de apreciar los momentos que merecen la pena o que debemos aprovechar, y reaccionar. Además, el sitio al que primero llegamos o que nos asignan no siempre es en el que más a gusto nos encontramos; cada uno debemos encontrar nuestro lugar (en este caso, de la forma más literal).