20 marzo 2006

Eternamente

Hoy me he acordado sin motivo alguno de Esme.

Hace casi diez años nos conocimos y nos caímos bien. En persona no habremos intercambiado más de 250 palabras, en la distancia nos intercambiamos cartas mensuales durante cuatro años. Escribirse cartas suena lejano y añejo pero releídas ahora son un espejo de bisoñez, ilusiones, expectativas... compartimos muchas cosas y un día me regaló este marcalibros self-made que conservo como el primer día.

Hace muchos años que no sé nada de ella porque los dos intuímos que aquellas cartas serían las últimas, porque aquello había tenido su momento y porque en nuestras vidas desaparecieron la bisoñez, las ilusiones y las expectativas. Pero, premonitoriamente, quedan los ecos, en esta ocasión de puño y letra. Un beso donde quiera que estés.

Ayer me invitaron a una fondue, no de queso, sino de carne. Me encantó el formato, en plan mesa redonda, despacito, favoreciendo la conversación, viéndonos todos. Y por supuesto me encantó la comida, que yo soy un estómago agradecido. Ya sabéis, a mi se me gana con una merienda. Que por cierto me han dicho que el concepto "merienda" es muy pop. Como el de "gominola". Pues nada..

Y después de copeo me encontré con otro viejo amigo que se ha puesto a tipo fino porque una niña le llamó señor y le puso depre. Ha cambiado de forma de vestir y ha adelgazado, el sentido del humor, afortunadamente, sigue igual. A mi el día que me llamen señor no sé como reaccionaré, aunque toda mi vida me han echado más edad de la que tengo, últimamente me ponen de menos. Las cremas de nivea que son agua bendita.

Y luego la noche un poco flús. Lo mejor volver a pagar 3 euros por una copa, tras poner tan sólo una semana antes en la capital del reino ocho y con cuatro hielos. Lo peor, reafirmarme en lo bien que se esta solo.

No hay comentarios: