17 marzo 2009

Milk

Por fin me senté con dedicación a ver Milk .

Más que por el biopic, que también, el interés de la película está en su interesante radiografía del modo de hacer política en Estados Unidos a niveles en los que el cine ha indagado más bien poco.

Gus Van Sant, el director de dos de las películas que más me han marcado en la veintena, Will Hunting y Elephant, y el joven guionista Lance Black
(interesante discurso al recoger su Óscar al Mejor Guión)
han visto en la figura de Harvey Milk la posibilidad de mostrar por qué la política es así en los EEUU, qué es lo que realmente está en juego en cada campaña electoral que tiene lugar allí, cómo se forma y funciona un lobby...

Vamos que debería verse en todas las facultades de Ciencias Políticas.

En lo que respecta al lado humano del film, Sean Penn supo agarrarse a este papel que bien mereció un Óscar
y presenta a un feucho, armariado y casi madurito neoyorkino al que le gustan los chicos más jóvenes para transformarle poco a poco en un líder social que maneja sus peores y mejores instintos en favor de lograr derechos para la comunidad gay.

El barrio de Castro es otro protagonista más de la película y también logra hacernos entender por qué San Francisco en particular y California en general es tan diferente al resto de ese país.

Un punto a favor más son los cameos que hacen colaboradores reales del auténtico Milk a lo largo de la película.

Josh Brolin, tras su papel antagonista de Bardem en "No es país para viejos", vuelve a demostrar que es el nuevo Kevin Spacey dando vida a otro americano corriente en una actuación brillante para un papel, en principio, fácil.

Gracias a esta película he conocido a personajes tan funestos como Anita Bryant o el senador Briggs , y he entendido mucho mejor el efecto Obama, porque al fin y al cabo es una película obamista donde el discurso de la esperanza triunfa frente a quien defiende el oscurantismo y las políticas de marcha atrás hacia ninguna parte.

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