Nunca me gustó la cara de Mari Trini: torcida y tortuosa, como doliente de algún sufrimiento que hoy ha terminado.
Fue la más francesa de las cantantes españolas, una hermana rubia de Mireille Mathieu menos patriótica y más rojilla.
Sus inicios son de lo más curioso: se fue a Londres de la mano del mítico Nicholas Ray y consiguió contratos mientras conocía a gentes de la cultura como Roman Polanski y McCartney y trabajaba en la radio con nada menos que Peter Ustinov.
Pero volvió. Y lamentablemente creó una de esas canciones que marcan y sellan y de la que nunca pudo escapar: Yo no soy esa.
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