
Ya hace algunos capítulos que me siento estúpido viendo Perdidos. La culpa es mía, que siempre me creí que todo se resolvería sin necesidad de tener que abstraerme a leyes metafísicas imposibles o teorías en la tercera fase..
Perdidos me ha hecho muy feliz durante estos cuatro años, y aunque en todos los capítulos hay momentos de tensión y sorpresa, abunda el relleno insípido. A veces me recuerda a la serie aquella de la niña australiana que juntaba sus dedos índice y detenía el tiempo...
Que acabe pronto el absurdo, que terminen los giros temporales, que aparezca la azafata que servía el vodka a Jack en el 815...
Aunque espectacular, si me hubieran dicho desde el principio que el humo negro nace a modo de aire acondicionado precolombino para transformarse en una pantalla IMAX 3D, ya me hubiera tomado mi adicción a Perdidos de forma mucho más relajada.
1 comentario:
La verdad es que lo del humo no tiene nombre, el peor capitulo en.. no se ni cuantos...
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