A mí pesar no tengo mucho mundo recorrido, pero sin duda Vigo es una de esos lugares que figura en mi memoria histórica geográfica, de manera que su simple mención provoca un tsunami neuronal en cualquiera que sea el hemisferio donde se encuentre mi zona emocional .
La gente de Vigo, como el resto de gallegos (sí, generalizo), poseen para mí un magnetismo extraño, a medio camino entre el embelesamiento envolvente que me produce su entonación y esa forma de ser que les hace tan impredecibles.
Vigo es mi isla de Perdidos particular. Sus habitantes han dejado bastantes cicatrices en mi cuerpo, suficientes como para no querer volver a cruzar el puente de Rande nunca mais. Pero tengo que volver. El 986 es mi 4-8-15-16-23-42 particular. Tengo que volver. Busco una reconciliación. Recuperar a los supervivientes, a Pablo, a Leví. Y celebrar con ellos bastantes cosas. Cerrar pasados y abrir futuros.
1 comentario:
Las reconciliaciones siempre deberían dejar un buen sabor de boca
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