03 agosto 2010

Dag!*

Como estaba previsto todo se ha acelerado hoy. El primer día de todo siempre tiene ese carácter de durar más de lo normal.

Desde la residencia hasta las clases hay que coger un par de buses y caminar un rato. Afortunadamente todo el trayecto se puede hacer en menos de media hora, el transporte público aquí funciona muy bien.

La sorpresa agradable del trayecto andando la pone la Casa Rietvel Schroeder, todo un hito del diseño y la arquitectura universal. Ahí está, casi desapercibida y está casi al lado de las clases.

Vamos al grano. Somos 16 y me encanta porque hay casi de todo: 3 españoles (Villablino, Madrid y yo), 2 alemanes, 2 ingleses, 1 finés, 1 estona, 1 francesa, 1 italiano, 1 irlandés, 1 checa, 1 austríaco y 1 danés. Instintivamente España, Francia e Italia se pusieron juntas. Al otro lado, la Scandimafia, y en medio los ingleses, como siempre ajenos a lo que pasa en el continente.

Tengo tiempo de sobra para hablar de mis compañeros, pero puedo decir que no soy ni el más mayor, ni el segundo más mayor. Y no tiene nada que ver con que haya dicho que tengo 26 años. Porque yo lo valgo.

Las clases empiezan a las 11h. Hasta las 12.45h estamos en el aula. Luego tenemos 2 horas para comer, estudiar y hacer deberes. Y a las 15h volvemos al aula hasta las 17h. Es una jodienda porque voy a tener que comer de sandwich todos los días. Así fue que al salir de clase Ana y yo fuimos al Albert Hejn (el supercor local) y arrasamos.

Otra gran sorpresa fue el contenido de las clases. Esto no es aprender "hola, me llamo Iván". Es holandés en plan Escuela de Idiomas: gramática, vocabulario y deberes. Y la profesora solo se expresa en holandés. Sálvese quien pueda. Solo cuando nos ve a todos que hacemos lo contrario de lo que pide da unas claves en inglés. También tendré tiempo de hablar de ella.

El austríaco dijo que a las 20h había fiesta (sí, las 20h, fiesta) en su pasillo, el 36, yo había comprado unas cervezas ayer para coleguear con mis compañeros de pasillo, el 191. Así que decidí darles otro uso y allí me llevé a Ana y a mi vecina finlandesa. Estábamos casi toda mi clase y algunos del otro turno. Digamos que fue mi primera fiesta Erasmus, pero en realidad era un ensayo. Corrillos hablando de esto y lo otro, yo hablando con la de Estonia sobre si la representante de su país en eurovisión 2000 seguía con el de 2001, una tal Paris contando que en Marbella solo había horteras y el danés diciendo "hola señorita" mientras la francesa perdía constantemente al juego de soplar las cartas. Vamos, lo que viene escrito en los libros.

Mientras me hacía la cena conocía a otro de mis vecinos holandeses de pasillo. Tiene 25 años, dos hijos y una mujer que le han venido a visitar hoy. Otro concepto sin duda. Mañana más.

*Dag! es el ¡Hola! holandés.

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